A mí estas elecciones, aquí en Castilla la Mancha, son las que menos valoro. No porque no valore la autonomía en sí, que tampoco (para mí la auténtica es Castilla, sin hacerla trocitos). Lo digo por lo pobre que me resulta. Me explico.
Pobre, en primer lugar, porque en esta autonomía, no como en las verdaderas, el voto se halla muy influido por otras cosas que no tienen que ver diréctamente con el gobierno de la Junta. Influido primero por celebrarse conjuntamente con las municipales. Muy pocos (incluso descontando los seguidores a ciegas da las consignas partidistas) son los que se ven capaces de diferenciar una cosa de la otra. Es decir, votar, incluso a partidos diferentes, en ambas elecciones. Basarse sólo en los programas o en los hechos de cada ámbito, no en la globalización del voto. Influido también por los actos del propio gobierno de España, y de la oposición, castigando o premiando en la cara de otro los errores o aciertos.
Pobre, para mí aún más, por la penuria de partidos políticos del parlamento regional. Es penoso y triste ver sólo dos partidos representados, porque somos muchos los que no encontramos en ninguno de ellos nuestros valores y proyectos. Pero es que aquí, votar otra cosa, es tirar la papeleta, porque no hay manera de que salga ningún escaño alternativo. Es muy triste, y me llevará, como otras veces, a la abstención. Por lo menos les quito trabajo a los sufridos ciudadanos que están en las mesas electorales.
25 marzo 2007
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